El hombre con el mazo en la manó golpeó con fuerza una y otra vez, y dictó sentencia… "O'zapft" ("está abierto"), dijo.
Pero nada de qué preocuparse, no se trata de un juicio, ni el hombre del mazo es un juez. En realidad es el alcalde de la ciudad Munich en Alemania, golpeaba un grifo para encajarlo en una barrica de cerveza, y con sus palabras dejar inaugurado el Oktoberfest, la más popular y tradicional fiesta cervecera del mundo.
Inaugurado el sábado 22 de septiembre, el festival se extiende durante de 16 o 18 días, este año hasta el siete de octubre; es la mayor bacanal de cerveza y comida para acompañar que existe en el mundo. Como promedio más de seis millones de personas visitan cada años el recinto de la 'Wiesn', como se apoda a la Theresienwiese o Prado de Santa Teresa donde tiene lugar la fiesta en sus carpas, cervecerías, cantinas, bares, restaurantes y cuanto sitio sea bueno para expender y beber gigantescas cantidades de las fabulosas cervezas alemanas (aunque se venden marcas de todo el mundo); sin embargo, este año los organizadores esperan una mayor afluencia de personas, para llegar a los siete millones de visitantes-bebedores.
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Para que los lectores de Garuyo se hagan una idea aproximada de lo que este festival representa, en cuanto a consumo y “pachanga” se refiere, se calcula que en esta edición, en correspondencia con otras anteriores, el consumo “mínimo” sea de 6,5 millones de litros de cerveza, 30 mil kilos de pescado, 330 mil salchicas (de las talla extra alemanas) y 80 mil litros de vino.
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Mientras dura el festival toda la ciudad de Munich, en especial Wiesn, se transforman en desfile de sedientos visitantes, que se atragantan de cerveza y comida. Son atendidos por voluptuosas meseras de grandes escotes (y grandes volúmenes aflorando a través de ellos), vestidas con trajes típicos de las localidades alemanas presentes, que cargan con absoluta naturalidad hasta una docena de enormes jarras rebosantes del ambarino líquido.
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La fiesta nació en 1810, con motivo de la boda real entre Príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia y Hildburghausen, que fue todo un acontecimiento popular y de ingesta de cerveza. Fue tal el éxito, que al año siguiente se reeditó como conmemoración, luego el otro, y otro más… hasta convertirse en el Oktoberfest que conocemos hoy en día.
Por supuesto, no todos aprueban y disfrutan de todo lo que representa el festival. Aunque pueda parecer contraproducente, un importante número de alemanes rechaza tal fiesta, no por el consumo de cerveza que parece le encanta casi en absoluto a los descendientes de los francos todos, pero sí, según ellos, los excesos que se generan y las imágenes de borracheras descomunales.

Quizá deberíamos tener algo parecido por México, aunque hubiese mexicanos que dijeran lo mismo que los alemanes que están en contra del festival de Munich. Total, aburridos hay en todas partes, Alemania, México y hasta en la luna si a alguien se le ocurre hacer una fiesta con cerveza a ríos, ¿no creen?






























