El Blanquita: La historia del gran teatro de México

Marco Mejía

Actor y "producer" en teatro. Me creo Summer en #500DaysOfSummer y Martha en #CansadaDeBesarSapos

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El Teatro Blanquita ("El Blanquita", de cariño) es uno de los espacios en la Ciudad de México que ha cobijado los sueños artísticos de quienes se han presentado en él, desde sus inicios (cuando el formato de teatro de revista predominaba en la vida nocturna de la capital) hasta los últimos años. 

Un lugar como éste siempre tiene algo qué decir (dentro de sus paredes, sobre la duela, entre los camerinos o en el abrir o cerrar el telón).
 
Aquí te presentamos la historia de este increíble y mágico teatro

Sus telones cerrados

El teatro de revista expuso a cientos de artistas desde finales del siglo XIX, cuando El Blanquita se llamaba Teatro-Circo Orrín. Fue creado en 1891, pero no duró mucho con ese nombre; una década después se convirtió en el Circo Bell, que (para su mala suerte) fue demolido en 1910. 

Tiempo después, la actriz y escritora Margarita (Margo) Su López compró un terreno que estuvo inactivo y abandonado por más de 30 años. Finalmente, en 1949 nació el Teatro-Salón Margo. Entonces comenzaron los primeros espectáculos de teatro de revista. 

En un momento de suerte, Margo y su esposo ganaron 10 mil pesos con un boleto de Lotería, con ese dinero construyeron la carpa y pudieron darle trabajo a personalidades como María Victoria, de quien se instaló una estatua afuera de las instalaciones. 

En 1958 el lugar fue demolido de nuevo, esta vez por órdenes gubernamentales de Ernesto P. Uruchurtu, quien dijo que no se cumplían con las reglas de seguridad necesarias. 

Dos años después reapareció el esplendor de este peculiar lugar, pero con el nombre de Teatro Blanquita, en honor a Blanca Eva Cervantes Su, hija de Margo Su y de su esposo. 

El 27 de agosto de 1960, las puertas de El Blanquita se reabrieron y presentaron como número estelar  un espectáculo de la actriz Libertad Lamarque.

A partir de ese día otros artistas vieron la luz en la duela de ese escenario: La Sonora Matancera, La Sonora de Veracruz, Pepe Jara, Angélica María, Marco Antonio Muñiz, Carmen Salinas y Chabelo, entre otros. 

Los estereotipos

Cada obra de teatro o espectáculo escénico tiene su propio formato, una gran diversidad de vestuario y momentos específicos. Los shows de revista se "especializaron" en contenidos que resaltaran o se distinguieran para el público que asistía cada fin de semana. 

Las apariciones de María Victoria en el escenario del Teatro Margo ocasionaban críticas respecto a la vestimenta ajustada y diminuta, estos argumentos llegaron hasta los oídos del Jefe del Departamento del Distrito Federal, Ernesto P. Uruchurtu, quien dictaminó que la seguridad no estaba regulada.

Aunque, también ha corrido el rumor de que alguna vez el político declaró que "todo lo que se presentaba en El Blanquita era corriente, vulgar y de peladaje"

Con el teatro de cabaret y de ficheras, este estereotipo se acrecentó. En los años 60 se incrementó el estigma sobre la mala calidad y el contenido subidos de tono (o para adultos) de los espectáculos que se presentaban en el Blanquita. 

La extensa temporada de Francis, (Francisco García Escalante) en El Blanquita lo volvieron a etiquetar como un espacio inmoral y carente de principios. 

Los espectáculos, al estilo Las Vegas, despertaron a las masas conservadoras de México. Se trataba de shows travesti que fueron aceptados con el tiempo, pero que levantaron una serie de prejuicios y comentarios negativos contra las audiencias fieles de El Blanquita.

Francis murió el 10 de octubre del 2007, y se dice que con ella terminó la era del formato de revista en el Blanquita. 

La evolución

En 1999, el espacio se restauró. Para la reinauguración se realizó un homenaje en el que participaron varias celebridades. El nuevo milenio implicaba retos para este recinto: un clásico que debía evolucionar, pero sin sacrificar su identidad ni perderse en el tiempo.

Con la alianza de OCESA comenzó una nueva etapa.

Actualmente, El Blanquita se diversificó. Abrió sus puertas a conciertos de rock, pop, obras de teatro (como Si nos dejan), shows para niños (como Plaza Sésamo o Dora La Exploradora)

Desde 1960, el Teatro Blanquita logró unificar a la población de una ciudad dividida por las clases sociales y la manera de ver la vida.

Cada noche, minutos antes de abrir el telón y dar tercera llamada, todo se trataba de un grupo de personas que esperaban disfrutar un espectáculo de calidad, frente a un mágico escenario que ya no tendremos la oportunidad de visitar, ni disfrutar.

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