Nuestras vidas privadas, es una obra escrita por el colombiano Pedro Miguel Rozo, con la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui, ganador del Premio Distrital de Dramaturgia de Bogotá en el 2008.
Esta puesta en cuenta con las actuaciones de y Pablo Astiazarán, Bernardo Benítez, Leticia Cavazos, Miguel Conde, Carmen Ramos, Rodrigo Ramos y Marco Treviño.
La historia trata de una familia bien posicionada, de esas que parecerían tenerlo todo. La madre es una católica conservadora, pero muy moderna, que usa internet y ve películas en el DVD que le regaló su hijo ejemplar. El padre es un hombre caritativo, que logró construir una reputación de la nada. El hijo mayor un heterosexual, casado, que está esperando un bebé y que, por si fuera poco, será el gerente del nuevo centro comercial que abrirán en la ciudad. El hijo menor es el orgullo de su papá, a pesar de sufrir de un ligero trastorno bipolar. Una familia que, a pesar de haber perdido todo gracias a una mala cosecha, ha logrado mantenerse íntegra y sabido sobrellevar la situación, manteniendo su reputación en alto.
No había pruebas, y el caso había quedado cerrado por la policía local; sin embargo, el rumor de que el padre de esta familia había intentado abusar sexualmente del hijo de su ex empleada empezó a propagarse por todo el pueblo. La demanda no procede, pero el rumor se acrecienta hasta llegar a un punto en el que ni los propios hijos podían creer en la inocencia de su padre.
Nuestras vidas privadas, toca el tema de la especulación de un escándalo sexual que envuelve a una familia, y aunque el tema es un poco delicado es presentado con un toque de humor, que te hará reír y reflexionar acercar de la integración familiar, el matrimonio y la confianza que puede haber en ellos. Podrás ver cómo a cada momento son cuestionadas las relaciones que se generan, en un mundo donde lo único que importa es el lo que piensen o digan los demás.
Con un tema que nunca pasa de moda, Nuestras vidas privadas, se presenta en el Foro Shakespeare, los días lunes a las 20:30 horas. Y como dice el provervio, “pueblo chico, chisme grande”.
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