Muchas veces comprobamos un tanto molestos que el Templo Mayor sigue cerrado a cal y canto a la mirada, no ya de los transeúntes despreocupados, sino de los que a cada rato nos gusta darnos una vuelta por algún sitio arqueológico, para admirar nuestras grandezas. Son varios los años que llevamos así, pero ahí sigue la inmisericorde barda impidiéndonos apreciar lo que fuera el corazón de la Gran Tenochtitlán.

Sin embargo, la realidad es que no está cerrada por caprichos del sacrosanto INAH, y ni mucho menos se pretende privarnos de nuestras grandezas. Por el contrario, el objetivo es hacernos conocer más de ellas, ponernos al alcance de la mirada los objetos que se siguen descubriendo, cada día, de la mítica ciudad, en el sitio arqueológico del Templo Mayor.
Todo comenzó, si es que algo comienza y no es continuación de otra cosa en realidad, en el 2006, cuando en el solar conocido como Mayorazgo de Nava Chávez, en la esquina de Guatemala y Argentina, frente a las ruinas del Templo Mayor, se encontró una monumental escultura de Tlaltecuhtli, diosa de la Tierra.
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Pero no es lo único que se ha encontrado en tiempos recientes. En realidad en ese predio, conocido como Las Ajaracas, se han hallado 36 ofrendas más, de donde se han extraído más de 50 mil objetos, se han encontrado pistas sobre sepulcros que contendrían los restos óseos cremados de uno o más de los soberanos mexicas. Cuchillos de pedernal, punzones y púas de auto sacrificio, cuentas de piedra verde, máscaras de madera, imágenes de basalto y ollas de cerámica entre otros muchos y variados artículos se han ido desenterrando durante estos años.

Por otra parte se ha descubierto también todo un gran acervo de ofrendas de plantas y animales. Hasta la fecha se han encontrado restos de plantas de algodón, chía, amaranto, calabaza, copal, pencas de maguey, etc. Pero sin lugar a dudas, y de acuerdo a los expertos que trabajan en el sitio, la más variada en calidad y cantidad son ofrendas de animales, con más de 300 especies descubiertas, que van desde cangrejos, langostinos, estrellas de mar, huachinango y águila arpía, hasta pumas, lobos, monos arañas, águilas reales, y miles de conchas, caracoles y corales.

La datación de todos esto objeto los hubica en el período comprendido entre el 1486 y 1502, es decir, durante el reinado del tlatoani Ahuízotl, la época en que el imperio mexica alcanzó su máximo esplendor.

Entonces, quizá sea cosa de tener un poco de paciencia, en cuanto a la posibilidad de visitar la zona arqueológica del Templo Mayor, porque las excavaciones y hallazgos que se están realizando son realmente valiosos, y nos darán una información mayor, y más rica, del mundo de nuestros ancestros, del tiempo en que fuimos, de verdad, imperio.
Finalmente, como el 2012 se acaba, y al parecer el mundo, contrario a lo que señalaban “los expertos” en profecías mayas, no lo va a hacer, esperemos que la temporada que se avecina (como si de serie de TV de tratara), la del 2013 arranque, porque realmente es mucho lo que parece esconder aún el sitio del Templo Mayor, y sería de gran importancia descubrirlo.
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Un poco de paciencia, por favor





























